ES HOY. ES AHORA.

Es inevitable alejar de nuestras mentes y actividades diarias el efecto que esta pandemia ha desatado en nuestras vidas, en nuestro entorno, en nuestra economía personal, empresarial y nacional. En la economía mundial. Lo paradójico de la situación es que este año Guatemala empezaba con buen pie. Independientemente del Gobierno electo y de las condiciones de desarrollo y económicas en las que nos encontrábamos, se percibía suficiente entusiasmo y optimismo como para dar un salto cuali-cuantitativo avanzando en varios aspectos.

De la mano a la inversión nacional y extranjera proyectada, se esperaban mayores oportunidades, tanto para empresarios como para la clase obrera y los profesionales, pues las condiciones eran apropiadas, principalmente,
por el ánimo que externábamos cada uno de nosotros y quienes nos veían como una prometedora oportunidad de negocios.

Sucedió lo inevitable y nos encontramos sumidos en penalidades adicionales a las ya existentes. Los hechos sobrepasaron las expectativas y ahora, habiendo perdido tantas oportunidades a nivel de desarrollo y de beneficio general, lo único e imperativo que nos queda es superarlas.

Si sumamos a lo antes dicho, disposiciones gubernamentales cuyo efecto inmediato podríamos no compartir, debemos pensar que tomar decisiones de tal magnitud e impacto no es tarea fácil. Por la vía democrática, hemos delegado autoridad en la actual administración y corresponde a ella adoptar las medidas que, de acuerdo a su criterio, son las más convenientes para el país, a corto, mediano y largo plazo. El resultado de dichas disposiciones no podemos dimensionarlo actualmente, será el tiempo el único juez que dictaminará sobre su eficacia.

En consecuencia, como ciudadanos nos corresponde acatar dichas normativas temporales, eso sí, siendo vigilantes del respeto Gracias a la colaboración de nuestro socio: ESIJA y atención que merecen nuestros derechos fundamentales en armonía con el bien común.

Mencionarlo así en estos momentos, suena a utopía, pero si caemos en la cuenta que únicamente con nuestra determinación, esfuerzo y sacrificio, saldremos adelante de la actual crisis, encontraremos más oportunidades que obstáculos en el camino que nos corresponde recorrer de aquí en adelante.

No somos la única generación que ha sufrido embates como el actual, pero sí somos, a la fecha, la única generación que cuenta con las ventajas que nunca antes han existido, a nivel tecnológico, médico, científico e intelectual, las cuales deberían ser suficientes para salir adelante y dejar atrás, en la medida de lo posible, los problemas, los errores y la pérdida de oportunidades que actualmente afrontamos.

No perdamos de vista que, para lograr un bienestar general se requiere una economía sana, basada en una población preparada en todo sentido, físico e intelectual, a la cual alcance el desarrollo en todos sus niveles, alimentarios, de salud, educación, vivienda y manutención, por lo que cualquier esfuerzo que ahora proyectemos y ejecutemos debe tener como fin último el bien común.

¿Demasiado optimista? Sí. Es lo que nos queda. Es nuestra obligación utilizar los recursos a nuestra disposición, aprovechar las puertas que se nos abren porque a otras regiones se le cierran, exigir a las autoridades y exigirnos a nosotros mismos, que todos y cada uno de nuestros actos nos lleven a un futuro promisorio.

Enio Alburez